14 jul. 2014

Balada de Philip Morris / Un Modo de Leerlo


Balada de Philip Morris forma parte del libro “De Hombre al Hombre” (pág. 56). A poco de ser escrito lo compartí con mi querida amiga Yolanda Perales Lara, quién se tomo el gran trabajo de redactar su interpretación del texto (seguramente más valiosa que el poema en sí mismo).

La literatura no pretende ser leída “comprensivamente”, sino “interpretativamente”. Más aún la poesía. Asunto que no siempre queda claro. Por ello, por lo gráfico que es este trabajo, por lo bello de la interpretación, lo publicamos aquí.

Ida y vuelta entre escritor y lector, porque la literatura no acaba en el al cerrarse el libro


Balada de Philip Morris


I
Porque no logró irse
tuvo que volver.

Retomó las hilachas de Ariadna
que no pudo diluir con el olvido
y se jaló de ellas tragando perplejidades.

Volvió como vuelven casi todos
cera derretida y cuatro plumas tenaces
plantadas como admonición y testimonio
de que no logró irse.

Volvió para lo que vuelven casi todos
intentando comprender
como si los laberintos no fueran explícitos
y Minotauro el perpetuo vencedor
al que siempre se le arroja otra víctima.

Porque no logró irse
tuvo que volver
despellejándose la verdad de las rodillas
que saben que no hay regreso posible
por mucho que se gire siempre a la derecha.

Los dos primeros versos afirman lo que a través de las imágenes posteriores nos cuenta tu voz: No hay un alejamiento posible cuándo realmente no se pudo o no se supo distanciarse.



La utilización maravillosa de la mitología guía al lector y lo acerca a ese pensamiento. De una manera didáctica permite la comprensión de lo que el autor trata de mostrarnos.

La palabra dibuja la idea por medio de personajes cuyo mayor deseo era la huída. Convierte al protagonista del poema (lo iguala) en los protagonistas de la mitología Teseo e Ícaro, quiénes ambos, están en un momento dado en el laberinto del Minotauro y desean escapar del mismo.

Uno ayudado por los hilos del ovillo que Ariadna le entrega y el otro por medio de las alas de cera que construye Dédalo, su padre, tratan de huir.

Teseo lo logra, huye con Ariadna pero decide en algún momento abandonarla. Ícaro vuela pero el sol derrite la cera y cae al mar.

El poema usa la fuerza de ese contenido. Personajes necesitados de escapar de ese laberinto de Minotauro que bien podría ser una metáfora de los laberintos personales que tenemos hoy en día: preocupaciones, ansiedades, necesidades, esos temibles Minotauros que nos persiguen para agotarnos y terminarnos.

Todo es en realidad izquierda y derecha, una imposibilidad de huída cuándo los medios que se tienen para ello son escasos: alas de cera inútiles bajo el sol, un ovillo que nos recordará siempre la persona que nos lo entregó.

Así volver es irremediable, volver reconociendo la imposibilidad y el fracaso de los pasos que se dieron en otra dirección. Volver con la verdad (escociéndonos sobre la piel) para quizás de este modo comprender por qué no fue posible (volvió para lo que vuelven casi todos / intentando comprender).

Quizás volver para encontrar los propios medios de irse, sin ayuda de herramientas que otros nos proporcionen. Quizás solo este sea el modo. O volver porque en realidad los demonios son algo interior (perpetuo Minotauro) allá dónde se vaya y por ello, combatirlos no es algo que se tenga que hacer en otra parte sino en uno mismo.

Es como si la voz tratara de decirme: solo hay una posibilidad y es irse en paz, sino será regresar y volver a combatir, comprender, empezar de nuevo, enfrentar la verdad.

El laberinto es esa vida, el Minotauro nuestros demonios, escapar es algo que está en nuestra mano y no en la mano de los otros (Dédalo o Ariadna).

Solo de nosotros depende irse definitivamente.

II
¿Para que el amor?

Inoportuno amor donde los platos vacíos
las medias perforadas
las alacenas sin latas que engañen el desamparo.

Insolente amor empecinado
cada tarde, después de las seis,
en agigantar la soledad y las puertas con dos vueltas de llave
mientras la incertidumbre cubre el sol
con nicotina y silencios que se hacen noche
y después mal sueño, pesadilla,
revuelto de mantas, mortajas y ausencias.

¿Para que el amor lleno de ausencias?

Inútil amor sin promesas
vacío de futuros
incoherente en esa cobardía de supervivencia
que es lo único que queda
tan razonablemente aferrado
a la razón que no sacia ni da respuestas
ni puede fabricar un solo argumento
uno sólo
que permita llorar en paz, como un niño.

¿Para qué el amor?

Todos están corriendo
y el amor siempre se da de boca
en esa insobornable ventanilla cerrada
donde el Debe y el Haber sentencian
en números rojos y sin pudor:
debe haber, pero ya no hay.

Maravillosa la lucidez de estos versos, su claridad tratando de mostrar el amor como algo real, algo que debe superar y que si no lo hace no es: la ausencia, la falta de promesas, la incertidumbre del futuro, el hambre o la necesidad.

¿De qué sirve el cariño de los otros cuándo no se hace palpable en los gestos?, ¿cuándo no llena el estomago y nos limpia las lágrimas de la cara?, ¿de qué sirve el amor cuándo se dice pero no se siente en los hechos? (debe haber / pero no hay).

Es, creo, una lección que la propia experiencia dicta, que la vida nos muestra de continuo cuándo nos pone junto a personas que dicen querernos pero de las que no percibimos más que el intento del amor y no sus consecuencias directas en nosotros o nuestra vida.

Es un llamado a la verdad, a la coherencia de las emociones en las relaciones humanas.

Si me dices te quiero…haz que cada hora de mi vida esté tocada por ese amor.

III
Hubiese querido gritar
gritar sin control
gritar desesperado
llamar a los bomberos, los beodos, los beduinos,
pedir a los frailes, los paramédicos, los mendicantes,
rogar a los sionistas, las meretrices, los bedeles,
pero acostumbrado al pudor no lo hizo.

Sabía que nadie iba a recibirlo.

Entre los unos y los otros hay una frontera
nadie la cruza, nadie puede cruzarla,
si no tiene el pasaporte sellado de mentiras
sin tener autorización del estado de gracia
sin hacerle las gracias a todo estado
donde en cada buró hay un culo que exige su beso.

Besos sin amor
besos de judas
pan nuestro de cada día.

Hubiese querido gritar
pero no hay eco que sobreviva en los laberintos.

Ambas estrofas, I y II, culminan en esta tercera, son el río que llevan a este mar inmenso de desamparados

versos, de dolor que se grita entre líneas, que se dice suavemente pero que rabia.

No hay escape, ni medios, no hay posibilidad de huir de los demonios y además no hay amor que lo permita de manera certera. Un pedido a cualquiera en tales condiciones, es inútil.

Solo la mentira (pasaporte) permitiría un acercamiento que se sabría igualmente inútil puesto que requeriría un esfuerzo (exige su beso) que es imposible de ofrecer. Es el trueque del cariño enfermo, yo te doy una mentira azucarada y tu un beso, apacigüemos el dolor (el Minotauro) momentáneamente, durmámoslo un rato.

Absurdo para quién siente en su corazón que eso es falso (el beso de Judas en la mejilla). Para quién sabe que el amor debe ser y haber.

Por eso el silencio. Existe una lucidez en el dolor que estremece, una madurez que hiere doblemente, por la claridad con que se sabe en tal situación y por la imposibilidad de que exista una sola persona a quién decírselo.

Soledad en los caminos.

IV
Se hizo espectador
entre sombra e inexistencia
se acomodó tras las cortinas
para verse la vida y la expiración.

El amor se le hizo dolor
después encorvó la espalda,
más adelante arrastró una pierna
y se acostumbro a toser sangre crónicamente.

Sombra rancia
desplumada por el sol
sigue por ahí
entre los platos vacíos
y el hambre sin sabor,
con las medias perforadas
y el rencor erecto e impotente
como corresponde a todo expatriado del laberinto.

El resultado. Huída y regreso + no amor verdadero + silencio del grito= espectador pasivo.


Solo el que ha visto la puerta del laberinto y no ha podido cruzarla porque no contaba con nadie real, porque el entendimiento y la verdad son incompatibles con el cariño ligero y momentáneo, porque los medios son escasos por el cariño insuficiente de Judas, entendería esta tristeza, esta impotencia, este dolor que es quedarse mirando pasar las personas y la vida en un absurdo de situaciones que enferman el alma y la carne de manera continua.

El riesgo de tanta humanidad no es otro que terminar por convertirse en el espectador permanente (¿estatua de sal?) y creerse en realidad sombra e inexistencia.

Solo el que ha vencido sus propios temores y mira a las personas y la vida con realidad y sin asombro, puede sentir semejante soledad de exiliado. Lejos de todo y de todos. Es como estar fuera del laberinto pero ¿se está realmente fuera?. Eso lo contesta la siguiente y final estrofa.

V
Porque no logró irse
tuvo que volver.

No hay recuerdos de su partida
nadie supo nunca de su regreso.

Vivió para morir
como tantos
y ni lapida tiene ahora
porque debe haber, pero ya no hay
y el amor no sirve para sobrevivir.

La afirmación de todo lo anterior viene por medio de este cierre. Si no hay recuerdos de ida o regreso, nadie podría afirmar si se dio una cosa o la otra. La sensación es de haber estado fuera y de haber regresado para comprender y observar pero ya no a sí mismo, sino a los otros, esos que están perdidos en el laberinto y que ignoran el amor que se toca y que vive en los gestos.

Quizás la necesidad hubiese sido, tremendamente, que alguien hubiese reconocido la partida, impidiendo así el regreso. Alguien que se va debería ser extrañado, llorado, recordado, alguien que vuelve debería ser abrazado, saludado, recibido.

Cuándo no se produce ni una cosa ni otra, el ser humano se siente perdido, no ubicado, desorientado y esa es la fatalidad de la voz que se nos cuenta.

Si a nadie importa una cosa ni la otra, al final es morir y vivir como todos, con la boca callada y la sumisión al Minotauro.

Porque el amor recibido es insuficiente por no ser auténtico y no sirve para sobrevivir siendo tan maravillosamente humano.

El título del poema, Balada de Philip Morris, me parece una genialidad final o ya de principio. ¿Será esta la canción para todos los que fuman dentro del laberinto? ¿para los que huyen del Minotauro en silencio? ¿para los que esperan algo más del amor que un debe haber pero no hay?. Humo, ¿eso parece ser todo?. Tantas cosas das que pensar…tantas.

A tu salud yo me estoy fumando casi un paquete, disfrutando con estos versos tuyos. Hay algo en tu voz que sobresale más allá de la escritura, que toca y sacude la inteligencia humana y la emoción como pocas personas logran. 


Unir la belleza de la expresión con la profundidad de la razón y el sentimiento no es un mérito, es un arte. Se puede escribir mejor o peor, con más o menos acierto, pero ser único, eso es otra historia.

Te quiero y te admiro. Yo creo que podría volar hasta con tus alas de cera.

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