25 jul. 2014

El Lector / Edmond Jabés

Un buen lector es, primero, un lector sensible, curioso, exigente. Sigue, en su lectura, a su intuición.

La intuición –o lo que podría pasar por tal- está, por ejemplo, en su negativa inconsciente a penetrar de entrada en una morada cualquiera por la puerta grande, ésa que, por su dimensión, sus características y su emplazamiento lógico, se presenta orgullosamente como entrada principal, designada y reconocida, tanto exterior como interiormente, como el único umbral.

Equivocarse de puerta es ir al encuentro, por cierto, del orden que ha presidido el diseño de la morada, a la disposición de las habitaciones, a la belleza y la racionalidad del conjunto. ¡Pero qué descubrimientos posibles para el visitante! El camino iniciado le permite ver eso que nadie más que él habría percibido desde su ángulo. Tan es así que no estoy seguro de que se pueda entrar en una obra escrita sin haber previamente forzado la entrada.

Es necesario haber errado mucho, haberse comprometido con bastantes caminos para percibir, a fin de cuentas, que en ningún momento se ha abandonado el propio. Jamás una puerta hacia la cual nos hayamos dirigido, movidos por no sé qué razón perdida o deseo insaciable de desaprender, o de adentrarnos en el abismo, nos habrá engañado, nos engañará.

Y sin duda es por ello que, en el libro, no hay puertas visibles evocando su orden, su ley, y no estoy
refiriéndome más que al recorrido luminoso de página en página del autor y del lector, ambos unidos por la misma aventura, y sin embargo responsables sólo de sus propios pasos.

Olvidar para saber; saber para satisfacer el olvido en su momento.

El final no pertenece a nadie. El comienzo, por lo contrario, depende enteramente de nosotros.

¿Y si esta morada estuviera en ruinas? ¿Y si estas ruinas fueran el desierto? Sería la piedra molida, sería cada grano de arena, los que responderían entonces por nuestro paso.

Edmond Jabés



Nota:  Edmond Jabés Nació en El Cairo en 1912. Judío, con nacionalidad italiana, recibió una educación francesa. Fue amigo de Max Jacob y de Paul Eluard. Publicó, entre otros: El libro de las preguntas (de 7 tomos) que será su obra emblemática.  Muere en París en 1990.

El presente texto fue extraído del prólogo al libro “Del desierto al libro” de Alción Editora, con traducción de Gastón Sironi. “Del desierto al libro” consta de una serie de conversaciones de Marcel Cohen con Edmond Jabés, de muy recomendable lectura.

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