12 jul. 2014

Enrique Villafañe / Textos sin Esperanza

"...A la derecha las diez y doce de la mañana. Luego de pasar por la inmobiliaria a pagar el alquiler, Villafañe hace cola en la caja del banco para abonar el suministro de corriente eléctrica. La semana que viene verá si paga o no la factura de gas. Hace mucho que Villafañe dijera en rueda de comensales, narrando humorísticamente una teoría absurda, que él, como buena bestia de tiro, tenía un Box en la agencia y como res de carne social se entrenaba para el matadero en cada cola de pagos. La vida es un tributo al gran sistema de supervivencia animal. Desde que dijo eso, sin pensarlo demasiado, no puede evitar sentir una cosa ácida en cada uno de esos morosos trámites que le impone la vida cotidiana. En todas las colas de pago siempre hay unas viejitas pequeñitas. A veces agrupadas y cotorreando, a veces separadas a lo argo de la hilera humana. Suelen dar ternura, tan serias, apretando la carterita contra el pecho y el rostro decidido. Villafañe está seguro que son las únicas personas del universo que sienten “importante” el acto que ejecutan. Y las envidia.

Sol blanco y frío atravesando las once y veintisiete. Carrizo pregunta entre eufórico y asustado qué pasa. Villafañe hace un mecánico trabajo interior para fingir lo mismo que finge desde hace dos años: Que no pasa nada. “Dale boludo, cambiá la cara que si Dios quiere se nos da vuelta la tortilla” es el relincho de un Carrizo que debe dos mil euros a su cuñado, tres mil dólares a Alberto y mil dólares a su hermana, la que tiene la farmacia quebrada y desde hace cuatro meses busca un comprador que le saque el fardo de encima. De capital llama Basura5, así lo nombra Villafañe, y Carrizo aumenta los “boludo de mierda” y los “hijo de puta” en su intercambio telefónico. Cuando corta la comunicación da un salto verbal hacia Villafañe que lo mira desde el marco de la puerta donde apoya el cuerpo. “Conchudo, parece que la gente de Caramelos Rompemuelas quiere hacer algo, ponete a laburar que para la tarde hay que mandarles alguna idea”. Villafañe siente otra vez el odio con formato de vapor que le sale del pecho, atravesándole la piel, y le pone la mirada, está seguro, como la de un perro idiota. Así son los negocios, siempre es para la tarde, siempre esa urgencia desaforada y la esperanza ávida de Carrizo de vender algo. Lo que fuera. Riñones, sangre, esperma, cutículas de uñas, y en los pasamanos de dinero rapiñar algo para seguir un mes, un año más, hasta que Dios lo quiera y se de vuelta la tortilla. Así son los negocios: alguien aburrido y con un cuarto de idea en la cabeza levanta el teléfono y le dice un disparate alentador a Carrizo, y Carrizo se llena de adrenalina y pretende trasmitírsela a un Villafañe  que está cansado de ser un creativo que sólo cobra por redactar folletos olvidables mientras ve como sus mejores propuestas publicitarias se pierden en un agujero de intermediarios, presupuestos, gerentes, subgerentes, comodoros, brigadieres, sirvientas, amantes del gerente, secretarias del cónsul..."

Fragmento del cuento "Enrique Villafañe" del libro Texos Sin Esperanza / pág. 24/25

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