18 jul. 2014

Los ojos del cuadro / Kaleidoskopio


"...Como a muchos artistas que dan un paso definitivo en su obra, Raisnick se encontró de pronto ante la terrible certeza de que perfeccionar su estilo resultaría algo tremendo no sólo para él, sino para la pintura misma. Por que ¿qué otra instancia podía lograr en sus telas? ¿Qué más mostrar y desnudar con sus colores y trazos que todo esa evidente alma y vida que ya estaba en la serie que terminaba de realizar?. Raisnick quiso que en los ojos, en la mirada, sólo en ese punto de un rostro, en ese fragmento de la tela, estuviera el latido de la existencia, el alma y sus suposiciones, el fantasma y la sospecha de todo lo que hay en el ser humano. A eso se abocó y en eso se perdió tres años.


Después de esta determinación Raisnick era un perfecto desconocido para el mundo. De su primera serie
tan ponderada muchos se habían olvidado, de la misma manera que el pintor se había olvidado del mundo. Tres años de encierro, de probar formas, de mezclar colores, de medir cantidades, de destrozar telas y telas y lo que Raisnick buscaba no aparecía. Antes que eso, más bien se le escapaba. Más sutil era su trazo, más elaborados los colores, los juegos de luz, los brillos, más muertas y estériles las miradas, más ausente la vida, la pulsación y el latido de lo que existe, sueña o simplemente duerme. Tres años que habían alejado a Raisnick no sólo del mundo artístico sino del mundo de los hombres, que lo habían convertido en una especie de alquimista obsesionado, cada vez más furioso y desesperado de sus fracasos..."

[ Los Ojos del Cuadro (Frag.) / Kaleidoskopio pág. 26/27 ]



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