11 ago. 2014

Confidencial Informe Secreto / Textos sin Esperanza

"...Faltaban varias horas hasta que West y Gordon llegaran, por lo que me dispuse a descansar apenas el amargo se lavara un  poco. El sueño debió luchar contra la angustia desesperante que me producía la caída de la bolsa y la devaluación de la moneda. A fin de mes se vencía el último plazo que el almacenero me había otorgado para saldar los números de la libreta del fiado. Sumado al alquiler, la luz y el gas, el monto escapaba a mis recursos. Confiaba en que un golpe de suerte hiciera que me llamaran del programa de televisión donde había enviado las marquillas que participaban del sorteo por importantes premios y un cero kilómetro... Pero esto era una de las pocas posibilidades que yo no podía inducir a pesar de mis años de entrenamiento.

Durante mi paso por la Universidad había trabado relación con un grupo de  pintores, músicos y escritores
que me habían seducido casi por completo. Con ellos agoté los fondos de mi libreta de ahorro postal donde guardaba el dinero que penosamente escatimaba a la compra de los paquetitos de Manon y a las D.R.F. de naranja. Tardé muchos meses en descubrir que la actividad artística era la cobertura que utilizaban para disfrazar sus verdaderas ocupaciones: taxistas, pintores de obra, mozos, administrativos, corredores de golosinas, técnicos en refrigeración... Una ralea de sujetos peligrosos que en sinuoso silencio actuaban con el sólo fin de mantener, contra toda lógica, una  ideología burguesa de clase media  amparada en un estado desmesurado. Intransigentes a los cambios que conmocionaban al mundo, aferrados a conceptos anacrónicos, pretendían una sociedad donde todos fueran felices Campanellis. La tecnología no toleraba esta reticencia a la evolución del sistema social por medio de la libre competencia, pero millones de individuos de esta clase retardaban la globalización del planeta, que seguía exhibiendo su grosero achatamiento en  los polos, y trababan el fin último de la  evolución humana, es decir, que unos fueran mercaderes y otros mercadería. Esta experiencia marcó mi inclinación por la lectura de estadísticas y preparó mi espíritu para lo que luego sería mi profesión.


No pude descansar bien, por lo que me levanté antes de que Licántropo preparara el café y los frijoles con tocino. Mientras ponía blancura a mis dientes Licántropo sorbía la tercera ginebra de la mañana en su deseo permanente de tener smowing. Mientras desayunábamos me comentó sobre cierta información que circulaba sobre el capitán Sánchez Monasterio. No me sorprendió que se dijera que estaba en Bolivia con identidad supuesta. Tiempo atrás había asesorado al general Camps y realizado negocios con Klaus Barbie. Su vida era un itinerario lógico desde que Diego de la Vega, en una operación de perfecta cobertura y con el apoyo de Disney, lo había derrocado del gobierno de Los Ángeles. Por  mi parte le dije que me extrañaba no tener noticias de Napoleón Solo, viejo amigo  con quien habíamos compartido varias operaciones contra la gente de Kaos. Después del desayuno sobrevino el silencio y la tensión de la espera. Licántropo se ocupó de consultar el i-ching mientras yo encendía mi narguile y me predisponía a pensar sobre los pasos a dar.

El perfume que llenó el ambiente me retrotrajo a mis años de estudiante en Londres. Fue su hermano
Mycroff quien me presentó al Sr. Holmes, de quien fui discípulo sin llegar a la amistad por la profunda aversión que me producían los largos períodos en que se hundía en la morfina. Juntos realizamos una monografía sobre los tipos de bosta del ganado bovino y lanar de la provincia de Chubut, clasificando en el mismo setenta y dos tipos distintos de defecaciones en consideración a su textura, densidad, color, olor, sabor  y a sus cambios durante periodos de veinticuatro, setenta y dos y noventa y seis horas, además  de su descripción por periodos semanales hasta los nueve meses. Al fin de ese estudio nos separamos para siempre sabiéndome incapaz de seguir tolerando la manera pegajosa y firuleteada con que arrancaba música de su violín. Las asociaciones libres de la mente me llevaron a aquella mujer de Liverpool que me leyó a Kipling y Stevenson y a la que amé sin saberlo. Por aquel tiempo yo no había entablado trato con el padre Brown, que hubiese podido ayudarme con su perspicaz conocimiento del alma humana a darme cuenta de lo que ocurría en mi corazón. Aquellos años eran de fervor y minifaldas y ella y yo nos separamos arrastrados por la música de los Beatles y las consignas que anunciaban el advenimiento del fin del sistema decadente e injusto. Aún la recuerdo y quizás, como al cadáver de un sueño, ella también me recuerda. Cuando la memoria llego a Danny el Rojo hice un esfuerzo acostumbrado y volví a la misión que tenía por delante.



Golpearon la puerta y la voz de Jim  West dio el santo y seña: “Dios es justo”. Cuando ambos entraron en la habitación sonreí al ver que Artemio Gordon estaba caracterizado como Bela Lugosi. Licántropo se dispuso a preparar el mate mientras nuestros contactos me entregaban la documentación que esperábamos. A partir de ese momento actuaríamos bajo el protocolo del Mossad utilizando los procedimientos del Circo de Moscú. Nuestro único contacto con el gobierno sería a través de Patricio Kelly, quien en caso de que fuéramos descubiertos negaría toda relación con nosotros. Podíamos utilizar las fuentes de la Logia Lautaro y recurrir a los cuadros de los Caballeros Templarios. Ni azules ni colorados estaban al tanto de nuestra misión y se nos recomendaba particular atención a posibles interferencias con los miembros de la Logia P2. Solamente bajo el código de Feliz Navidad podíamos comunicarnos con nuestro hombre en el Opus Dei. Tanto la gente de Langley como la del M.I.5 debían permanecer fuera de la operación. Nuestro supervisor en el campus era Elliot Ness, los requerimientos de logística debían elevarse al general Mario Benjamín Menéndez o su segundo inmediato, Alexander Mondi. Los códigos de intercomunicación estaban controlados por Pipo Mancera y Simón Templar. La ruta de escape dependía del capitán de fragata Astiz y Henry Houdini. El primer punto de la telaraña estaba dado..."

[Frag. de Confidencial Informe Secreto / (pág) 49 de "Textos sin Esperanza"]


1 comentario :

  1. Un informe secreto confidencialmente para los que recorrimos esos paisajes afines...qué remembranza con las Manon! creo que me voy a quedar con este libro
    Gracia plena!

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Gracias por estar, por ser, por leer y por escribir.